Feb 10, 2011

Trabajo de Campo con los Micos del Amazonas

Con el propósito de educar al público acerca del trabajo de campo de algunos científicos, el periódico New York Times, dedica un espacio en su publicación en línea para que los científicos escriban sobre sus descubrimientos, aventuras y desventuras en la forma de un diario durante sus excursiones de campo. Desde principios de este año, el primatólogo Anthony Di Fiore de New York University ha venido escribiendo acerca de su expedición a la Reserva de Yasuní en la Amazonia Ecuatoriana donde conduce sus investigaciones en socio-ecología comparativa de primates desde 1994.

En una serie de artículos, Dr. Di Fiore inicia sus relatos con la descripción de su viaje número 25 que se origina en la ciudad de Nueva York hacia Quito. De allí bajan en avioneta a la ciudad de Coca (sobre el nivel del mar), y después de un paseo en lancha, un revelo en camión a otro rio y, finalmente otro viaje en canoa, se internalizan en  el corazón del bosque tropical del Amazonas donde está el campamento de la Reserva. Al final, sus crónicas concluyen con las historias de los miembros del campamento comparando sus heridas y malestares después de vivir en la jungla por varias semanas.

En varios de los artículos publicados en las últimas semanas en el periódico, el autor describe los pormenores del trabajo de campo de la biología tropical, las caminatas y encuentros furtivos con los animales. En particular, Dr. Di Fiore estudia la genética de población de los micos araña y  las interacciones sociales entre grupos y entre individuos. Según el, “asombrosamente los micos araña, junto con los chimpancés y los humanos, son los únicos primates que muestran agresión deliberada e intensa contra otros grupos de machos rivales”, y esto los hace un modelo especial de investigación. En este último viaje, él junto a sus estudiantes lograron colocarles unos collares a varios micos después de perseguirlos por horas y por varios kilómetros de distancia. Los collares son parte de una tecnología para ubicar, seguir y estudiar el comportamiento social de los animales por telemetría radial y satelital, en donde las coordenadas y otros datos recogidos por los collares pueden ser transferidos a los computadores de los investigadores a unos cuantos metros de distancia. Por ejemplo, un par de animales a los que se les ha puesto el collar son dos machos, padre e hijo, y unas de las preguntas que los científicos buscan responder es acerca del tiempo que los animales relacionados pasan juntos, si colaboran entre si al buscar alimento o cuando buscan pareja, y si estas interacciones son diferentes entre machos del mismo grupo pero sin vínculos filiares. 

Como los artículos están escritos con el fin de llegarle l, al público, su lenguaje es informal e invita a la gente a compartir sus opiniones. Al final de cada entrada están los comentarios de los lectores y en estos se encuentran historias tan interesantes como los artículos mismos. La gran mayoría de opiniones son mensajes de felicitación y motivación, provenientes de amantes de la ciencia y la aventura. Otros mensajes son de primatólogos que cuentan sus propias experiencias en el campo y celebran la existencia de la nueva tecnología de los collares, ya que para ellos la manera tradicional de observar a los micos era sentarse bajo la lluvia o perseguirlos en medio de la jungla por meses hasta perderlos de vista. Por último, hay un número reducido de mensajes que demuestra su desacuerdo con estudios de esa índole, ya sea por preocupación por los animales y su hábitat o por no encontrar un propósito valioso en la investigación. Por estos últimos comentarios es que me motivé a enumerar las razones por las que considero esta clase de estudios de un valor inmensurable.

Primero, siendo un investigador en el área de neurociencia, tengo que afirmar que los micos son el mejor modelo para estudiar la evolución del comportamiento cognitivo de los humanos. Aunque compartimos un ancestro común con los micos araña y otras especies del “nuevo mundo” de más de 16 millones de años, estos manifiestan una estructura social relativamente variada, y semejante a la de los homínidos. Por otro lado, en el ámbito ecológico, el estudio de estas especies despliega toda una serie de ideas para de conservación del ecosistema. Por ejemplo, los caminos por los que los micos se mueven diariamente tienen en común ciertos árboles de los que ellos se alimentan y, curiosamente, también es donde se encuentran el mayor número de semillas en las heces de los animales. Es decir, los micos tienen la función de ser dispersores de semillas, así como los insectos lo son del polen. Información sobre estos patrones son de gran ayuda a la hora de tomar decisiones acerca de áreas de conservación y desarrollo.

Por último, al integrar los mejor de los grupos implicados en estos estudios se garantiza el compromiso y validez de las investigaciones. Los equipos extranjeros con su motivación y tecnología sumados al conocimiento y preocupación de grupos de científicos y gentes locales cercioran que tanto los animales como la comunidad nativa no se vean afectados, así como que la ciencia progrese de manera eficiente y responsable. 

Nota: En el rio Amazonas en la región Colombiana está ubicada la Isla de los Micos. Esta isla fue fundada por el griego-americano Mike Tsalikis, quien era conocido en los 60s por sus historias de luchador de anacondas y de coleccionador de animales; hoy, más conocido por sus cargos de traficante de animales y de droga. Aparte de las historias sobre este personaje, la isla, ahora bajo la jurisdicción del Gobierno de Colombia y manejada por un hotel local, es la residencia de millones de especímenes biológicos y  más de 5000 micos de varias
especies.  

La mayoría de la información disponible en Internet acerca de la isla se refiere a paquetes de ecoturismo disponibles. Además, hay denuncias por los miles de primates que salen de allí para abastecer la investigación del científico colombiano Manuel Elkin Patarroyo. Sobra decir que la fuente de esta información es tan informal como cualquier acusación hecha en internet sin documentación apropiada; y además, que las referencias a investigaciones formales son inexistentes. 

La Isla de los Micos es un paraíso para la investigación ecológica y biológica. En especial, el estudio genético de los micos es de un valor inmenso ya que los animales han estado segregados por más de 30 años. Si alguien tiene más información relacionada con los estudios académicos que se realizan en la isla, agradecería inmensamente los datos.


Feb 3, 2011

Dormir para Aprender

¿Cuál es la actividad en la que los humanos utilizamos casi un tercio de nuestra vida y de la cual no recordamos prácticamente nada? La respuesta, bastante evidente, es dormir. Al final de la vida, el humano promedio habrá pasado más de 20 años acostado durmiendo. Cuando escuchamos esta cifra, lo primero que se piensa es en el tiempo perdido. Pero la verdad es que para vivir tanto tiempo, es también necesario dormir tanto tiempo. Entre las muchas funciones del sueño, una de las más estudiadas en la relacionada con el aprendijaze. Hoy, tras cientos de noches en vela, los científicos tienen algunas ideas concretas al respecto.

Durante el sueño, específicamente durante el sueño paradójico o REM (movimiento ocular rápido, sigla en inglés) ocurre la asociación y retención de nuevas experiencias y, curiosamente, es también cuando acontecen la mayoría de los sueños. Opuesta a la visión freudiana de los sueños en la que estos son un producto reprimido del subconsciente, los sueños son considerados por algunos neurocientíficos como el mecanismo del cerebro para la evaluación de sucesos recientes cuya función es ayudar a consolidarlos. Esto ha sido comprobado por medio de experimentos en donde los animales, incluyendo humanos, que son cohibidos de la fase REM del sueño tienen una disminución considerable del aprendizaje, al ser comparados con aquellos con un ciclo de sueño normal.

Durante el aprendizaje, ocurren varios cambios neuronales que determinan la eficacia y permanencia del nuevo conocimiento. Estos cambios suceden inmediatamente después de recibir nueva información, pero para que sean permanentes, deben ser consolidados en el tiempo mediante el refuerzo de las conexiones entre las neuronas. Cada vez que un recuerdo es invocado por la memoria, este pasa a un estado de vulnerabilidad en el que puede ser reforzado, modificado o incluso borrado completamente. Esta estrategia, llamada re-consolidación, es un mecanismo para des-aprender información errada y, en general, para rectificar las ideas impresas en el cerebro. Sin embargo, también es una fragilidad del sistema en la que cada vez que se abre “la ventana” de un recuerdo, se corre el riesgo de perderlo o tergiversarlo. El sueño juega un papel principal en la formación de nuevos recuerdos mediante la atenuación de estímulos secundarios, ya que estos interfieren con el fortalecimiento del aprendizaje durante esa “ventana”, asegura un artículo publicado esta semana en la revista Nature.

Específicamente, los autores del artículo investigan el efecto del sueño en la re-consolidación del aprendizaje. En el estudio, todos los participantes aprendieron un juego que consiste en recordar la ubicación de pares de imágenes en un tablero; esto, mientras olían una sustancia fuerte. Después del aprendizaje de las imágenes, la mitad de los voluntarios se mantuvieron despiertos por 40 minutos, y durante este tiempo fueron expuestos al mismo olor alejados de las imágenes. El segundo grupo de voluntarios se fue a dormir inmediatamente, pero también fue expuesto al olor mientras dormían. El uso de un olor en este tipo de experimentos consiste en crear una asociación fuerte del material aprendido con la sustancia odorífica, para que la presentación del olor en la ausencia del material aprendido reactive su recuerdo en el cerebro. Después de 40 minutos, el segundo grupo fue despertado y ambos grupos jugaron nuevamente con los mismos pares de imágenes pero, en esta ocasión, en posiciones diferentes. Con este procedimiento, los investigadores pretendían crear interferencia en la consolidación de la posición inicial de las imágenes. Después de 30 minutos, ambos grupos realizaron un examen en el que tenían que recordar la posición de los pares de imágenes del primer juego.

Los resultados revelan que la reactivación del recuerdo por medio del olor fuerte cuando el participante está despierto y la consecuente exposición a la interferencia, reduce significativamente la capacidad de recordar la posición inicial. Por el contrario, el sueño protege de manera específica contra la interrupción. Así, aunque los participantes del segundo grupo estuvieron expuestos a la reactivación del recuerdo por medio del olor, el hecho de haber estado en REM hizo que al despertarse, el aprendizaje estuviera más solidificado y la observación de las nuevas posiciones de las imágenes no interfiriera con el aprendizaje inicial.
En un experimento complementario, los autores detectaron que si la reactivación del recuerdo se hacía cuando los participantes estaban despiertos, las áreas del cerebro que respondían eran las de la corteza prefrontal que son las responsables por funciones ejecutivas como la búsqueda y filtración de información. En contraste, estas áreas no respondieron cuando la reactivación se hacía durante el sueño. Esto sugiere que durante la vigilia, los estímulos e información secundarios, pueden modificar los recuerdos ya existentes por medio de la atención que se les preste.

Si alguna vez hemos escuchado la noción de que se puede “estudiar” para un examen o “aprender” un idioma simplemente escuchando el material mientras se duerme, ahora podemos estar seguros de que esto es una fantasía. Durante el sueño se consolidan los recuerdos y además, como lo muestra el artículo mencionado, se protegen contra su modificación o el olvido, pero para recordar es necesario estar completamente despiertos y alerta. Por el contrario, tomar una siesta entre el estudio de diferentes materias y, en general, una buena noche de sueño sí es efectivo no sólo para tener mejor rendimiento durante el día, sino para también tener mejor memoria.

Jan 31, 2011

About Monkeys, Children and Toys

A highly debatable topic and extremely common in all settings is whether there are differences between men and women. While there are notable differences, such as height and facial features, the issue becomes controversial when discussing whether the discrepancies are cognitive, and in practice, if one gender is "better" than the other. A wide range of study areas offer many answers but, in general, there are two opposing sides in the dilemma about the sexes. 

On one hand, is common among anthropologists and other scientists to claim that biological differences do not exist, and that any variation in performance between the sexes is the result of social pressure. There is sufficient evidence to claim that the differences in children behavior  respond to strong social influence, that although may not be completely  evident, it is always present. In terms of preference for children play, for example, many parents would argue that their kid's toys are neutral, such as blocks, books, and musical instruments; however, it is contested that the way of playing with these objects modify the children's preference for them. Thus, a father would move the blocks as if they were cars, or a mother would buy princesses' books. Additionally, at about two years of age the basic sexual identification (feeling male or female)
develops; and as a result, babies tend to imitate the adult with whom they identify the most. In this way, girls mimic the delicacy of the mother and play with cups while boys prefer " to shave" and play rough with fathers. That is, from an early age children identify themselves as part of a sexual group that begins to shape their preferences and behavior. 

On the other hand, there are many who think that there are clear biological differences and that they are responsible for shaping a sexual identity and behavior. Numerous studies have evaluated children's play before two years of age, and have found a significant difference in the time that infants interact with gender linked toys. Similarly, any father of a boy would testify that his kid likes trains, cars, bouncing balls, and all this, without being pressed. Although there are girls who like the same types of toys, usually they prefer dolls and pots. However, because virtually all human babies grow in society, it is impossible to determine how large are its effects on children preferences and to what extend, the influence is purely biological. 

After numerous psychological studies in human infants, in 2002 Drs.  Melissa Hines and
Gerianne Alexander at the University of California, Los Angeles, investigated whether the preference in toys was associated with factors different than social and cognitive ones. They did this by observing a non-human primate, the vervet monkeys (Cercopithecus sp.), in which the influence of social and epistemological prejudices do not exist. Surprisingly, vervet monkeys showed preference for toys typical of each gender in an identical manner to human babies. These results are quite controversial, and even aroused the skepticism of the authors. However, other studies in macaques monkeys have shown the same results. The toys chosen for the first study were a ball, a police car, a doll, a cooking pot, a book of photos and a stuffed dog. The choice of these objects responded to the categorization as masculine, feminine or neutral by children in a previous research. Even more surprising was the way the animals interacted with the toys. In the attached picture it is evident that while the female is inspecting the doll like a baby monkey, the male moves the car on the road to move the wheels. The monkeys in this study had no previous experience with the objects so the differences can not be attributed to learning or imitation from humans.
The importance of this study is that if the preference for toys is not due to social pressure or cognitive performance, then there must be features on the objects that are perceived by the
primates brain exclusively for each sex. That is, the characteristics of the objects provide an opportunity for the monkeys to "practice" situations for which they have adapted evolutionarily. It could be argued that the dolls are "useful" for learning to care for, while cars and balls incite movement and the development of tools that are adaptive to fight. By contrast, the book or the stuffed animal were not preferred by any monkey, in particular. 

The preferences of nonhuman primates and monkeys for certain stereotypical objects of both genders indicate that the brain perceives certain characteristics that make them more attractive and that this bias does not respond to external pressures. This means that the brains of both sexes is different, but what exactly is the difference? Morphologically there are marked inequalities. For example, while Broca and Wernicke areas that are related to the ability to modulate and understanding language are significantly larger in women, the regions in the temporal lobe related to
travel in space are more developed in men. At the cellular level, the sexually dimorphic nucleus of the hypothalamus, which is related to sexual behavior in mammals, shows a marked difference between men and women, and interestingly also in transsexual people. Now, it is not clear which of these variations are responsible for gender-typical behaviors, including toy preference in babies, but it is clear that these changes should have a specific function. And, in combination, may be responsible for the areas of diversification in humans such as the ability to estimate the time and speed, visualize objects in three dimensions, recognize emotional tones and perform multiple tasks. 

Based on the many results showing that certain behaviors reflect innate differences between men and women, it would be stubborn to deny it, and to continue to blame any pattern only to social models. On the other hand, it would be absurd to expect that boys and girls be confined to fill in the roles that seem to agree with the evolutionary history of their brain. If the ancestor of homo-male in the Pleistocene needed to navigate in large spaces in search of game, and the homo-female developed methods to socialize through language, this does not mean that men today have no empathy or verbal skills, or that women can not handle space orientation, and both sexes do it outstandingly. What it does mean is that there are innate characteristics that change not only the behavior of humans during childhood and adulthood, but also those differences may help explain the preference of people for different tasks and their performance in them. Accepting our differences and use them for everybody's advantage is the most sensible recommendation, bearing in mind that evolution never ends, and social and environmental pressures today will be reflected in the future.

Jan 24, 2011

Sobre Micos, Niños y Juguetes

Micos vervet inspeccionando juquetes
Un tema que aparece permanentemente en todo tipo de conversaciones informales así como en revistas variadas  es el del debate sobre la existencia de diferencias entre hombres y mujeres. Si bien hay diferencias notables a simple vista como la estatura y los rasgos de la cara, el tema se convierte en polémico cuando se discute si las discrepancias son cognitivas, y en la práctica, si alguno de los géneros es “mejor”. Diferentes área de estudio ofrecen múltiples respuestas, pero en general hay dos vertientes opuestas en el dilema de los sexos.

Por un lado, es común entre los antropólogos y otros científicos reclamar que las diferencias biológicas no existen, y que cualquier variación en el comportamiento de los sexos es resultado de la presión social. Existe suficiente evidencia que demuestra que las diferencias encontradas en el comportamiento de los bebes responden a una fuerte influencia social que, aunque no es evidente, está siempre presente. En términos de la preferencia de juego de los niños, por ejemplo, muchos padres afirmarían que los juguetes de sus hijos son neutros, como bloques, libros, e  instrumentos musicales; sin embargo, se disputa que la manera de jugar con estos objetos  modificaría la preferencia de los niños por ellos. Así, un papa movería los bloques como si fueran carros o una mamá compraría libros de princesas. Adicionalmente, alrededor de los dos años de edad  se desarrolla la identificación sexual básica (sentirse hombre o mujer); como consecuencia, los bebes tienden a imitar al adulto con quien se identifican. De esta manera, las niñas imitan la delicadez de la madre y juegan con tacitas mientras los niños prefieren “afeitarse” y juegan brusco con los padres. Es decir, desde muy temprana edad la identificación de sí mismos como parte de un grupo sexual empieza a moldear sus preferencias y comportamiento. 

Por otro lado, están quienes piensan que sí hay diferencias biológicas muy claras y son las responsables de formar la identidad sexual  y el tipo de conducta. Numerosos estudios han evaluado el juego de los niños antes de los dos años, y han encontrado una diferencia significativa en el tiempo en que los infantes interactúan con juguetes estereotípicos de su sexo. De la misma manera, cualquier padre de un niño podría afirmar que a su hijo le gustan los trenes, los vehículos que se mueven, las pelotas que rebotan, y todo esto, sin que haya sido presionado o se le haya comprado solo carros desde que nació. Aunque hay niñas a las que les gustan los mismos tipos de juguetes, por lo general prefieren las muñecas y las ollitas.  Sin embargo, como todos los bebes humanos crecen en sociedad es imposible determinar qué tan grande es el efecto de esta sobre las diferencias entre los sexos y cuál es la influencia netamente biológica. 

Después de numerosos estudios sicológicos en bebes humano, en 2002 Drs. Melissa Hines y Gerianne Alexander en la Universidad de California en Los Angeles, investigaron si la preferencia en los juguetes estaba asociada a factores diferentes de los sociales y cognitivos, por medio de la observación de unos primates diferentes a los humanos -los micos vervet (Cercopithecus sp.)- en los cuales la influencia de prejuicios sociales y epistemológicos no existe. De manera sorprendente, los micos Vervet muestran una preferencia por juguetes humanos típicos de cada sexo de una manera idéntica a los bebes. Estos resultados, bastante controversiales, despertaron el escepticismo de sus mismos autores. Sin embargo, otros estudios en micos Macacus  han mostrado los mismos resultados. Los juguetes escogidos para el primer estudio fueron una pelota, un carro de policía, una muñeca, una olla para cocinar, un libro de fotos, y un perro de peluche. La elección de estos objetos fue motivada por la categorización de los mismos como masculinos, femeninos o neutros por niños y niñas en una investigación previa. Aún más sorprendente fue la manera en que los animales interactuaron con los juguetes. En la foto adjunta se puede apreciar que mientras la hembra esta inspeccionando a la muñeca como a un bebe mico, el macho mueve el carro sobre el asfalto para hacer mover las ruedas. Los micos en este estudio no tenían ninguna experiencia anterior con los objetos así que las diferencias no pueden ser atribuidas al aprendizaje o a la imitación que los micos hacen de los humanos.

La importancia de este estudio es que si la preferencia por los juguetes no es presión social ni cognitiva, entonces debe haber características en los objetos que son percibidas por el cerebro de los primates de manera exclusiva para cada sexo. Es decir, las características de los objetos proveen una oportunidad para los micos sean atraídos y “practiquen” situaciones para los cuales se han adaptado evolutivamente. Se podría argumentar que las muñecas son “útiles” para aprender a cuidar, mientras que los carros y pelotas invitan al movimiento y la elaboración de herramientas que son adaptivas para la lucha. Por el contrario, ningún sexo mostro preferencia ni por el libro ni por el peluche.

Las preferencias de los primates  -humanos y micos-  por ciertos objetos estereotípicos de los dos sexos, indica que el cerebro percibe ciertas características en ellos que los hacen más atractivos y que este favoritismo no responde a presiones externas. Esto significa que el cerebro de ambos sexos es diferente, pero ¿cuál es exactamente la diferencia? Morfológicamente existen marcadas desigualdades. Por ejemplo, mientras las áreas de Broca y Wernicke que están relacionadas con la capacidad de modular y entender el lenguaje son significativamente más grandes en las mujeres, las regiones en el lóbulo temporal relacionadas con la navegación espacial son más desarrolladas en los hombres. A nivel celular, el núcleo sexualmente dimórfico del hipotálamo que está relacionado con el comportamiento sexual en mamíferos, muestra una marcada diferencia entre hombres y mujeres, y, curiosamente, también en transexuales. Ahora, no es evidente cuáles de estas variaciones son las responsables por los comportamientos típicos de los sexos, incluyendo la preferencia de objetos en los bebes, pero es claro que estas alteraciones deben tener una función específica. Y, en combinación, pueden ser las responsables por las áreas de diversificación en los humanos como la capacidad de estimar el tiempo y velocidad, visualizar objetos en tres dimensiones, reconocer tonos emocionales y llevar a cabo múltiples tareas. 

Con base en los múltiples resultados que muestran que ciertos comportamientos reflejan diferencias innatas entre hombres y mujeres, sería necio negarlas y seguir atribuyendo cualquier esquema sólo a modelos sociales.  Por otro lado, sería absurdo aspirar a que los niños y la niñas se limitaran a llenar los roles que parecieran están de acuerdo con la historia evolutiva del cerebro. Si el ancestro del homo-macho en el pleistoceno necesitaba navegar en espacios grandes en busca de animales de caza, y las homo-hembras desarrollaban métodos de socializar por medio del lenguaje, esto no significa que los hombres de hoy no tengan la empatía para socializar verbalmente, ni que las mujeres no puedan manejar el espacio, y ambos sexos hacerlo de manera sobresaliente. Lo que sí significa es que existen características innatas que modifican no sólo el comportamiento de los humanos durante la infancia y adultez, sino que esas diferencias pueden ayudar a explicar la preferencia de las personas por diferentes tareas y su desempeño en ellas. Aceptar las diferencias y usarlas en beneficio propio es la recomendación más sensata, sin olvidar que la evolución nunca culmina, y las presiones sociales y ambientales de hoy se verán reflejadas en el futuro.

Jan 17, 2011

Inteligent Crows

What exactly makes us different from animals?
One of the answers to this difficult question is that humans posses the ability to plan a number of steps toward a future goal and to modify them through trial and error, and through the abstract mental formulation of the next step to follow. However, this answer is very limiting if we consider the animal shown in the attached video. In a  city of Japan, crows have learned to live in urban environment completely foreign from their natural habitats. And they have develop sophisticated techniques to succeed in the middle of the concrete of the city. Apparently, the expression "bird brain" is not as valid as previously thought.

Jan 16, 2011

Cuervos Inteligentes

¿Qué es exactamente lo que nos diferencia de los animales?
Una de las respuestas a esta dificil pregunta es que los humanos poseemos la capacidad de planear varios pasos hacia el futuro para lograr un objetivo específico y modificarlos por medio del aprendizaje de errores y la formulación mental abstracta del próximo paso a seguir. Sin embargo, esta respuesta es bastante limitante si tenemos en cuenta animales como el que se muestra en el video adjunto. En una ciudad de Japón, los cuervos han aprendido a convivir en ambientes urbanos completamente ajenos a su habitat natural; y además, han desarrollado técnicas bastante elaboradas para ser exitosos en medio del concreto de la ciudad. Al parecer, la expresión "cerebro de pájaro" no es tan válida como se pensaba.


David Attenborough - BBC wildlife


Jan 11, 2011

No Woman No Cry

Why do we cry when we have an intense emotional experience? This is a question scientists have wondered for a long time. Tears serve to relieve extreme feelings, but many people would agree with me that they can be very inconvenient and worse yet, when they seem to have their own life and be uncontrollable. The only vertebrates that shed tears of sorrow and joy are us, human. Dogs whine, especially out of anxiety when their master leave alone in the house, but they do not produce tears in response to emotions. Mice also "cry out" tears but they do so to secrete a chemical signal that communicates the desire to mate, quite a very different reason from humans. Aside from keeping the eyes moist and help maintain the cornea clear, it has been suggested tears function to cleanse the body from hormones that occur during times of stress.

The article published this week in the journal Science suggests a new role: the authors claim that tears are a great "turn off" for men, and that this function would serve as a mechanism to communicate rejection without words. In the study, a small group of women watched sad movies and collected their own tears in cotton balls. Then, a group of 50 men was divided into two, one that smelled the cotton soaked in the women's tears, and another one that smelled a saline solution of comparable composition. The results show that those exposed to the tears rated photographed women as less attractive compared to their peers who smelled the saline solution. In another set of experiments, a group of men exposed to the tears reported a reduction in their arousal when watching movies and videos with sexual content. Furthermore, the activity levels in areas involved in sexual arousal in the brain and the testosterone levels were lower in these men. Interestingly, in disagreement with what was expected, the empathy and mood of the men did not change at all.

The results of the study are very interesting and have caused excitement beyond the scientific community. Part of the attention is that the existence of human pheromones -chemicals that change the physiological and social behavior of an individual- are of great interest to many industries. From the producers of perfumes to those who look for explanations for war, work very hard to find the ideal odoriferous molecule for every purpose. For this reason, it is common to see signs of these molecules with 'super powers' published weekly in scientific journals.

Although the exact cause of the physiological response in men was not investigated in this study led by Dr. Noam Sobel, a cognitive neuroscientist in Israel, the team did conclude that human tears contain chemical signals. Also, they claim that their investigation reveals a new "function for human tears". Given that the article coincide with sociological studies that have suggested that tears reduce the aggressive behavior of men, it is possible that there is, indeed, a molecule with such characteristics in tears. In the same way, it is possible to find an evolutionary explanation for the development of a mechanism that reduces aggression toward oneself. However, the tears in humans are produced for a variety of reasons, from sadness to ecstasy, and their effects can be linked to the context of the situation in which the tears occur.

In the article mentioned, the tears were bound to a context of grief, and before drawing conclusions, it is necessary to investigate the effect of the tears of joy and neutral lacrimation, for example as a result of irritation. Moreover, the number of men and women in the study is too small to generalize the findings and all the volunteers who collected tears were women (men are not as good tear producers, the authors clarified). Likewise, the tears collected bathed the cheeks of the women, implying that the chemical might be on their skin and not in tears. Surely we are not the only animals invulnerable to the effects of pheromones and more work is needed to find them, but until today, it is not possible to conclude that tears are chemical signals that change the behavior of men. And we still do not know why we, humans, cry ...